Cocinar para sanar

Hoy quiero contarte sobre el poder sanador del acto de cocinar.


Yo recuerdo que desde pequeña ya estaba en la cocina con mi mamá haciendo postres, ayudándola en la labor cuya finalidad era alimentar y alegrar los paladares y corazones míos y de mi papá.


Recuerdo con claridad una ocasión en que le ayudaba a mi mamá a preparar "arepas de choclo" en Ciudad de México, pues, después de haber salido de Colombia para vivir en otro país, extrañábamos nuestros platos nacionales. Cocinando y comiendo traíamos a nosotros el lejano sabor de nuestras raíces.


Más adelante, durante mi adolescencia, me fui introduciendo cada vez más en la cocina con la elaboración de platos dulces, tanto que quise dedicarme a la pastelería e incluso a la panadería. Sin embargo, en esos momentos creía que si no estudiaba una carrera universitaria no tendría éxito profesional ni estabilidad económica. En el colegio y en mi ámbito familiar me destacaba por vender dulces y postres. También era la encargada de preparar los postres y bizcochos en los cumpleaños de familiares y en las fiestas de navidad y fin de año.


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Mientras estudiaba psicología y literatura en la universidad en Bogotá, seguía cocinando, e incluso, como desde los 19 años dejé de vivir con mis padres, comencé a cocinar también las comidas del día a día. Con la experiencia y con las ganas de complacer a mis familiares y amistades ponía en prácticas nuevas recetas y entre las personas fui alcanzando la modesta fama de buena cocinera.


A mis 24 años me introduje en el área de la cocina saludable y desinflamatoria, incluso con algunos intentos de ser vegetariana, sin éxito alguno. Esto hizo que comenzara a sustituir unos ingredientes por otros, a incorporar nuevas recetas e incluso a cambiar la venta de dulces por mantequillas de maní o cacahuete, almendras y anacardos, con o sin cacao. Más adelante comencé también a vender mermeladas de fruta con semillas de chía.

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Mi vida ha sido cambiante, he vivido en varios países y ciudades, mis relaciones han cambiado, mi cuerpo ha cambiado, y yo misma me he transformado. Más sin embargo, lo no ha cambiado y se ha mantenido es el acto de cocinar. Cocinar me permitió sentirme segura en momentos de incertidumbre e inestabilidad, y todavía lo hace. Han habido situaciones que no han estado en mis manos y aún las hay, pero lo que sí lo está y creo siempre lo ha estado es una de mis habilidades más preciadas que es el cocinar.


Para mí cocinar ha sido un recurso de afrontamiento, una compañia, un método antiestrés, una manera de adaptarme a las circunstancias, una vía para regresar a mí, un medio de expresión, un vehículo para relacionarme con las personas.


En la cocina me siento libre, pues mi imaginación jamás se ve limitada por los ingredientes que a veces por temas de salud me veo obligada a eliminar. La diversidad de alimentos, la gran cantidad de posibilidades, y la inspiración culinaria que he recibido de otras culturas gastronómicas permite que cada vez más mi espectro culinario se amplíe con el fin de pasar un amable rato, de comer delicioso y de que las demás personas que llegan a mi casa o a mis clases disfruten de todas las sensaciones placenteras implicadas en el acto de comer.


Ahora, creo que cada persona tiene una manera particular de relacionarse con la cocina, que unas personas lo disfrutan y que otras no, y está bien. Pero quiero resaltar la importancia que tiene el hecho de encargarnos de preparar nuestro propio alimento, de trasnformar un ingrediente en algo comestible, en aquello que ingresará a nuestro cuerpo, que se transformará y nos transformará, pues el alimento es información que tiene efectos sobre nuestras células, órganos y sobretodo sobre nuestro cerebro.


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Además de esto, cocinar invita y permite vivir en comunidad; nos conecta con nuestra historia como humanidad, nos conecta con nuestros antepasados, con padre, madre, abuelos o abuelas, con nuestra propia cultura.


Y si cocinar nos acerca a los demás y nos invita a fortalecer vínculos, cocinar se convierte en un recurso de regulación emocional, en un recurso co-regulador, pues en la vinculación y en comunidad alcanzamos bienestar y salud mental. Cocinar consciente no es lo mismo que ir a terapia, pero sí que tiene un efecto terapéutico.



Pamela Crombie

Psicóloga, y psicoterapeuta integradora





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