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Comer o no comer: un dilema existencial

Explorando dentro de mí y de la web ideas para un nuevo artículo en el blog me di cuenta de que tengo una necesidad de expresarme y de contar lo que siento ahora respecto a la columna vertebral de mi profesión como psicóloga que gira alrededor de la relación con la comida.


La comida, para mí, nunca ha pasado desapercibida. Que qué se va a preparar para navidad y año nuevo, que cuál va a ser el postre, que quién va a preparar cada plato, que a dónde vamos a ir a comer para celebrar el cumpleaños del papá, de la abuela, de la tía, que si en el avión dan comida o llevo lonchera, que qué se compra para cocinar en la semana… ¿Les suena familiar?


Por otro lado, han existido en mí otro tipo de pensamientos asociados a la comida y menos placenteros: que si me voy a engordar en vacaciones o en navidad, que si en enero tengo que hacer dieta e ir al gimnasio o salir a caminar o subir y bajar diez veces las escaleras del edificio, que si tengo que hacer cien abdominales diarios para poder ponerme el bikini, que si voy a la nutricionista para que me diga qué comer, que si tomo leche se me inflama el estómago, que si hago ayuno bajaré de peso, etc. ¿Soy, acaso, la única mujer, u hombre, que ha lidiado con estos pensamientos en la mente? Sé que no, porque al observar los diálogos de familia durante las reuniones familiares o al escuchar a un grupo de, sobretodo mujeres, hablar de estos temas me hace ver que hay un factor común que nos atraviesa: una creencia arraigada a una cultura que nos enseñó que estar delgadas o delgados nos garantiza el éxito y el amor.

En mi consulta privada y en el taller que anteriormente dictaba sobre psicología de la alimentación veo y veía cómo se perpetúan estas creencias que colocan al cuerpo como un instrumento para la propia realización personal y aprobación del entorno. Estos supuestos sólo crean sufrimiento innecesario, pues somos más que un cuerpo. Somos un alma, una mente, un ser pensante, sintiente y comunicante que habita un cuerpo que, si bien, permite nuestro contacto con el mundo y la existencia, su aspecto físico no define nuestra identidad, no garantiza ni el éxito ni el amor que recibimos. Aunque esto, tristemente, es lo que hemos aprendido, pues “a las/los gorditas/os solo les quiere la mamá”. ¡Qué daño nos ha hecho este “refrán”!


Y no con esto quiero constatar que por esto no debemos cuidar al cuerpo y realizar actividades para que esté sano y sea cómodo de habitar, pues la salud física es un apoyo para la salud mental. Pero, de verdad, ¿vale la pena preocuparse tanto por cómo luce? ¿Es necesario continuar reproduciendo estas prácticas discursivas internas o externas que sólo engendran inseguridad, dudas, angustias, miedos, obsesiones, insatisfacciones y decepciones? Además de esto, no nos permiten convivir en paz con uno de los elementos que dan paso a nuestra sana presencia en el mundo y fuente de gozo como lo es la comida.


Yo, en lo personal, estoy cansada y triste (pero jamás desmotivada de toda la labor que queda por hacer) de ver y sentir cómo la comida ha cobrado un significado muy distante al que en teoría tendría que tener, pues en un mundo ideal el pecho de la madre y la leche materna son iguales a amor, seguridad y supervivencia. Aunque, sí que en la mayoría de los casos que he atendido se presenta una dualidad, pues hay dos campos semánticos que engloban los significados asociados a la comida, uno lleno de connotaciones agradables y positivas y el otro con connotaciones desagradables y negativas. En términos coloquiales, podría decir que la relación con la comida se ha vuelto una tal de amor y odio, y comer o no comer se ha convertido en un dilema existencial (al igual que qué comer).


Por mi parte, soy consciente de mi historia con la comida y de las taras mentales que me han generado sufrimiento. Cada vez más me siento fuera de la jaula y esto me permite ayudar a quienes no logran desprenderse de los tantos significados y efectos dolorosos que la comida les puede representar. Y ojo, que para cada persona el significado de “comida” o ”alimentación” es diferente. En terapia intentamos desenredar y desenmarañar todo este nudo de significados adheridos a este significante (comida o food), y desenmascarar el papel que la comida desempeña en cada una de las vidas de quienes a mí acuden, dando por sentado el papel que ella cumple para nuestra supervivencia.


No es un camino ni fácil ni doloroso, pero sí se necesita de mucha valentía para transitarlo, pues nunca sabes qué puedes encontrarte por el camino. Lágrimas, nudos en la garganta, presión en el pecho, sensación de vacío, seguro, pero también liberación y apertura a la construcción de nuevos significados y perspectivas que moldean un nuevo entender y habitar. Primero, se escarba en la inconsciencia para conscientemente dar paso a otra manera de sentir, sin olvidar la historia, la cicatriz y sin olvidar que el cuerpo es sagrado independientemente de cómo luzca.



Pamela Crombie

Psicóloga, literata, cocinera y psicoterapeuta integradora



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