"Mi debilidad es el chocolate”: cinco pasos para convertir tu “debilidad” en fortaleza.

Actualizado: 14 feb

¿Has escuchado la frase “mi debilidad es… el chocolate”? ¿los donuts? ¿las palomitas de maíz o crispetas? ¿las papitas fritas? ¿el cereal azucarado?


¿Por qué crees que le llamamos debilidad a estas comidas? Desde mi perspectiva, hay un asunto de sensación de pérdida de control ante la presencia de una comida específica que venga a calmar rápidamente necesidades, como si fuese un antídoto de emergencia.

Quizá el chocolate o cualquier otro alimento por el que tiendas a sentir que pierdes el control despierta en ti varias emociones como miedo o culpa, aunque también se asocia al placer y al alivio.


También he escuchado bastante la frase “como por ansiedad”, y pasa que existe la tendencia a asociar el picoteo de alimentos dulces, grasosos y placenteros a un estado emocional “ansioso” - y probablemente no sea ansiedad sino preocupación, estrés, nerviosismo, tristeza, etc. - y a pensar y sentir que no podemos controlarlo, que es una experiencia desagradable, que no quisieramos en nuestra vida, que no le vemos ningún beneficio.


Yo también he estado allí. Quizá después de la ingesta, que podría llamar emocional, nace la culpa y creemos poder reparar el haber picoteado o haber comido más de lo que era suficiente. Quizá ´nace la idea de la purga, o de ayunar o de hacer más ejercicio extra para evitar que subamos de peso o que nos sintamos más culpables.





Te quiero hacer una propuesta que me ha ayudado. ¿Qué tal si inviertes la historia y dejas que lo que llamas “tu debilidad” se convierta en tu aliado y fortaleza?






Aquí te comparto cinco pasos que podrán orientarte hacia una reconciliación con ese alimento que calificas como “tu debilidad” y que te llevarán a comprender la función de esta comida en tu vida, quizá tenga un mensaje que darte. Es importante que busques un espacio tranquilo y sin interrupciones para realizar este ejercicio y te sugiero hacerlo en sentada/o.


  1. Identifica y escoge la comida y escoge la cantidad precisa que deseas comerte (si es chocolate pueden ser 2 o 3 tabletas, o un donut, o un bowl de papitas), ponlo en frente tuyo y describe sus características físicas, forma, colores, texturas. Míralo, tócalo, huelelo, mira si hace algún ruido, pero SIN COMERLO. Registra las sensaciones corporales, los pensamientos y si llega alguna emoción.

  2. Introduce un trozo del alimento a tu boca SIN MASTICAR, pasándolo por todas las zonas de tu boca y explorando las sensaciones que despierta. Identifica de qué te dan ganas, qué sientes, qué cambia en ti. Luego mastica lo más lento que puedas y entrégate al comer, masticando y tragando, en un ritmo lento.

  3. Respóndete, ¿Qué disfrutas de esta comida? ¿Te produce placer? ¿Qué es lo que más te gusta? ¿Hay algo que te incomode?

  4. Al acabar por completo, registra qué cambió en ti. Revisa las varias partes de tu cuerpo como la boca, mandíbula, el cuello y garganta, el pecho, el abdomen, el vientre, y siente si hay alguna sensación diferente a la del principio. Registra si tu estado emocional cambió, y qué pensamientos o ideas llegan.

  5. Identifica qué necesidades físicas y emocionales cubrió el alimento, es decir, ¿qué beneficio te aportó al comerlo, en qué te ayudó?. ¿Acaso te hace sentir segura? ¿Te distrae? ¿Te protege de algo? ¿Te libera de algo? Escribe tus hallazgos.


Para convertir “tu debilidad” en una fortaleza es necesario descubrir qué necesidades está cubriendo esa comida en tu vida, de qué te sirve y preguntarte: ¿Además de comer eso, qué más crees que necesitarías para regular tus estados emocionales? ¿Quizá en vez de comer necesitas un abrazo, una caricia, una persona que te brinde apoyo y seguridad? ¿Quizá solo estés buscando un momento de satisfacción inmediata porque llevas una carga de trabajo acumulada, o varias preocupaciones, o buscas escapar de tus pensamientos o de tu voz crítica y la comida te lo permite, así sea por unos segundos?


Ahora, es válido que la comida sea un recurso para gestionar emociones e incomodidades, sin embargo, cuando es el único es cuando puede percibirse como una “debilidad”. Por eso es importante movilizar otros recursos terapéuticos independientes a la comida que te permitan atravesar dichos estados emocionales.


Si quieres profundizar más en este tema y movilizar recursos te invito a contactarme por medio de la casilla de contacto al final de este artículo.



Pamela Crombie

Psicóloga y psicoterapeuta integradora

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