Fui a hacerme un masaje: Mi experiencia y una metáfora del proceso terapéutico

Actualizado: 14 feb

Cumplí años hace pocos días y ya tenía pensado que uno de mis regalos sería hacerme un masaje de cuerpo completo. Para decidir a donde ir no tuve inconveniente, ya me habían recomendado un lugar sin haber dado mucho detalle, y justo quedaba cerca de mi antigua residencia en Barcelona, así que me presenté y me entregué, sin duda, a la experiencia.


Este lugar tiene un nombre en idioma chino, con lo que supuse que todos los trabajadores son chinos, y se especializa en masaje terapéutico del cuerpo y reflexolgía. Cuando entré leí que estos eran los dos tipos de servicios que ofrecían, y al leer "terapéutico" deduje que este sería el que me realizarían a mí. Después de esperar un latgo rato para que me atendieran una chica jóven me pidió ingresar al cubículo en donde realizan los masajes. Ella me pidió que me quitara toda la ropa, menos las bragas, y que me colcara boca abajo en la camilla. Ella salió mientras tanto y cuando regresó me preguntó que en dónde me dolía. Yo no estaba preparada para esta pregunta.


Después de tomarme unos instantes para dar una respuesta, respondí que en la zona alta de la espalda y el cuello, pues normalmente acumulo tensión en esas áreas. Sin embargo, hacia mis adentros yo me dije que no iba porque algo me doliera precisamente, pero claro, ya que preguntaba, sí que pude identificar lugares en los que, sin darme cuenta, voy acumulando tensión y dolor.


Pues la chica comienza el masaje justo en esas áreas de la espalda sin dar espera y sin progresión de fuerza. Con sus dedos y manos comienza a hacer presión sobre el músculo lo que generaba que sintiese más dolor del que antes experimentaba. Ella en varios momentos me decía que estaba "muy duro" el músculo, a lo cual yo respondía: "sí eso siento", y me preguntaba: "¿duele verdad?" y yo: "sí", quejándome con unos modestos"ay".

La masajista fue realizando estos mismos movimientos de presión y distensión a lo largo de toda la espalda, a sus costados, en los brazos, en las caderas, en las piernas y gemelos. Pies y manos eran extremidades sobre las que no ejercía tal presión sio que realizaba otros movimientos que resultaban placenteros, a diferencia de los dolorosos efectos del masaje sobre las otras partes. Debo decir que unos de los puntos que más me dolieron fueron las caderas, y no podía creerme en ese momento que existiese tanta acumulación de tensión en esos lugares (por más de que en clases de yoga mencionen que las muejeres, especialemnte, acumulamos tensiones en esa zona). Otra zona muy dolorosa fueron los gemelos que además de ser masajeados eran golpeados, me imagino que por la dureza de esa zona muscular.


Creo que ella estaba un poco asombrada con la dureza de mis músculos, pues varias veces repetía que estaba"muy duro" y me preguntó que hace cuanto no me hacía un masaje y que para quedar mejor necesitaba media hora más, es decir una hora y media en total. Y yo pensaba: "debo estar muy mal y muy tensionada y no me había dado cuenta".


Otra cosa que noté fue que la temperatura de la habitación había aumentado y que ella con un control regulaba los grados, cosa que después hizo mucho sentido para mí, pues para poder relajar un músculo y poder hacer presión sobre él sin hacer daño es necesario que el cuerpo esté caliente.


El doloroso masaje terapéutico termina con un rato de masaje craneal, que fue la parte más placentera del masaje junto con la limpieza del aceite de tu cuerpo que se realiza usando unas toallas hirviendo. La masajista las frota sobre tu cuerpo para retirar el aceite, ¡qué sensación más deliciosa!, pagaría por una sesión de toallas calientes moviéndose sobre mi cuerpo. Ella salió del cuarto, yo me vestí, salí, pagué y le di las gracias. Me di cuenta de que mis tensiones de espalda habían desaparecido, sentía sueño y una sensación de ligereza.


De camino a casa en bicicleta reflexionaba sobre esta experiencia y sobre su efecto sanador. Pensaba que era increible como los músculos acumulan tanta tensión, incluso emociones, en el día y a día y a como quizá estamos acostumbrades a vivir con la incomodidad, con la tensión y la acumulación.


También pensaba en lo doloroso que resulta lo "terapéutico", y ahora lo transfiero al campo de la psicoterapia. Cuando iniciamos un proceso psicoterapéutico estamos exponiendo nuestra vulnerabilidad, nuestro cuerpo, nuestra intimidad, lo más profundo de nuestro ser, lo que quizá no le contamos a nadie más. Y de hecho el sólo hablar de quienes somos, de lo que sentimos y de experiencias pasadas puede ya resultar doloroso. Y resulta que para poder sanar es necesario tocar esas fibras, heridas, esos músculos que guardan emociones y memorias difíciles, lo que, claramente, duele. El dolor muscular es físico, pero también existe el dolor emocional, ese sentimiento de hundimiento o de ruptura, ese peso que a veces cae sobre nosotres y sentimos no nos permite avanzar. Pero a veces hay que atravesar ese momento, para precisamente dejarlo atrás.


Pero ese dolor no es un estado eterno, no es un lugar para quedarse, es sólo un lugar de paso. El dolor se transita, se vive, se experimenta pero también se desvanece. Dicho esto, el masaje que me hice puede ser una metáfora del proceso psicoterapéutico. El masaje es terapéutico porque se expone el cuerpo a la liberación de la tensión muscular y el dolor que antes evadíamos deja de estar allí. Y cuando vamos a terapia nos exponemos ante otra persona que está allí para guiarnos hacia esas heridas y acompañarnos en nuestra vulnerabilidad, en la expresión de aquellas experiencias que nos han hecho daño, esas heridas que quizá ni sabíamos que estaban allí y nos generaban incomodidad diaria. Entonces, después de haber transitado estos momentos de expresión y liberación con el dolor que conlleva, poco a poco nos vamos sintiendo más cómodes, ligeres y flexibles. Pues no solo liberamos el dolor sino que nos reconciliamos con lo que fue, abrazamos el presente y nos abrimos al futuro.


Contada ya la anécdota te quiero invitar a que si estás atravesando por dificultades y que si sientes que tu día a día no es cómodo para ti, busques ayuda psicoterapéutica con un o una profesional de la salud para que pueda acompañarte y orientarte hacia la liberación del dolor, hacia el cambio y hacia una relación más cómoda contigo y el mundo.


Yo puedo ayudarte. En la casilla al final de esta entrada puedes contactarme sin compromiso.


Pamela Crombie

Psicóloga y psicoterapeuta integradora

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