La comida: la mensajera de mi niña interior

Actualizado: 3 mar

¿Has tenido momentos en los que de repente te dan antojos de comidas particulares y resulta que era algo que comías en tu infancia?


¿Te pasa que hay un alimento que solías comer mucho en tu infancia y que aún no puedes dejar de vivir sin él?


Hoy vengo a hablarte de la relación que existe entre nuestra niña o niño interior con la comida.


Te cuento una breve anécdota. Cumplí 30 años y como para mí es costumbre celebrar escogiendo un restaurante para almorzar/comer o cenar, pues me tomé el tiempo para investigar a cual restaurante ir. Entonces busqué por ubicación, por tipo de comida, por precios, e incluso pregunté recomendaciones. Llegó el día y casi la hora y aún no sabía a dónde iba a ir. Llegué a la zona en la que quería buscar el restaurante. Primero ingresé a un restaurante de comida catalana fusión que ofrecía un menú bien valorado y de reputación gastronómica. Me comentaron un poco el menú y sin embargo, los entrantes, que no se podían escoger, no me llamaban la atención, pues las croquetas no es algo que me apetezca o me conecte. Decidí marchar, muy cerca quedaba otro de los restaurantes que había contemplado. Salí directo para allá.


En esos momentos me sentía con antojos de una lasaña de boloñesa. Cuando entré al siguiente restaurante que era especializado en comida italiana sin gluten me comentaron el menú del día. Este menú no incluía la lasaña pero sí la pasta boloñesa. Aquí en España normalmente escoges un primer plato, un segundo, la bebida y el postre. De primero, escogí una crema de hinojo y cítricos, que estaba bastante buena. De segundo, la pasta boloñesa y de postre un bizcocho de manzana y canela. Para beber, una copa de vino, pues estaba de celebración.


Mientras comía disfrutaba de las texturas y de los sabores. De repente me llegabanlos recuerdos de cuando yo era pequeña e incluso adolescente y en las comidas con mi familia. Recordé que la mayoría de las veces cuando salíamos a comer fuera íbamos a lugares de comida italiana y que siempre, hasta cierta edad, me pedía o unos spaghetti a la boloñesa con queso parmesano o unos espaguetis en salsa de tomates. Cuando fui creciendo, aún me deleitaba con platos de pasta de diferente variedad (¿quién no ama la pasta? y ¿qué niño o niña no la disfrutaba? claro que hay excepciones, pero hubo unos periodos en mi vida en los cuales era frecuente comer ese platillo y para mí era placentero y reconfortante.


La comida estaba buenísima, y se notaba que era casera y fresca y disfruté del momento. Sin embargo, había una vocecilla en mí que me preguntaba por qué no había ido a un restaurante innovador a nivel gastronómico o incluso de mayor precio (como si esto definiera el éxito del restaurante), o uno más reconocido, al ser el día de mi cumpleaños? Quise responderle a esta voz, entonces, cuando terminé de comer, elaboré mi análisis.


La pasta a la boloñesa me conecta con mi niña interna que seguramente, a través de la comida, está demostrando que tiene necesidades. ¿Pero cuáles? Y la historia aún no acaba. ¿Te dije que había pedido una crema, verdad? Pude haber escogido entre una gran variedad de ensaladas apetitosas y novedosas (cosa que me encanta porque soy fan de las ensaladas) y me decidí por la crema. Pues claro, durante mi análisis llegué a la conclusión de que durante la infancia y sobre todo cuando somos bebés nos alimentamos básicamente con alimentos en estado líquido como las cremas o las compotas. Y recuerdo mucho sentir confort con la crema de zanahoria en sustancia de pollo que preparaba mi mamá. ¿Te hace sentido.



¿Te sientes identificado o identificada? ¿Cuál es el plato que durante tu infancia te brindó más confort?


Yo creo que con esta sopa me sentía cuidada y mimada; con los espaguetis me sentía complacida, satisfecha, y por qué no, también mimada, pues evocaba cuando mis padres me llevaban a comer mi comida preferida del momento.


Para responder a la pregunta, comienzo por decir que era mi niña la que quería esos alimentos. Algún mensaje quería darme a través de esas peticiones, o de esos antojos. Y mi voz de adulta que tiene un nivel de exigencia gastronómica no lo entendía. Pero ahora puedo establecer un diálogo entre estas dos partes e integrar la información. Ahora puedo entender cuáles son esas necesidades especiales de mi niña que mi adulta de 30 años busca satisfacer: buscaba que la atendiese, que le pusiera atención, que la reconociera, que la validara, que la tuviese presente, que la integrara en mi vida de adulta, que le de voz y poder.


Finalmente, para cerrar con broche de oro, les quiero hablar del postre. En el restaurante yo había escogido el bizcocho de manzana y canela, que era una porción pequeña y equilibrada. Pero como era mi cumpleaños yo quería escoger mi pastel, ponerle la vela y soplar esos 30 años. Así que una vez terminada mi comida fui a una pastelería cercana cuya vitrina me había llamado la atención en varias ocasiones. Entré y había muchas opciones golosas y novedosas. Yo, amo los postres pero me empalago fácil, y al ver el New York cheesecake lo tenía claro. Un pastel de chocolate con crema de pistacho por poco le gana, sin embargo, el postre que me recordaba de nuevo, a mi infancia y sobre todo a mi padre, fue el elegido.


Este postre traía a la mesa los momentos en los que recuerdo haber compartido con mi padre un cumpleaños en New York y el Cheesecake ícono de esta ciudad fue su postre de celebración. Y es importante resaltar que aquí no sólo importa el tipo de pastel, sino que importan las emociones que están ligadas a ese momento, el compartir, el celebrar, el disfrutar la unión familiar y la vida que como núcleo familiar habíamos construido hasta ese entonces. Ese momento fue valioso y preciado para mí, lo recuerdo nítidamente, y quizá quise regresar a él a través de un bocado a mis 30 años.


Esta fue una narración breve y autobiográfica de tan solo un fragmento de mi relación con la comida de mi infancia. A partir de la comida logré descifrar el mensaje de la niña que se asoma tras estas demandas específicas de platos de comida, la que se asoma detrás de la crema de verdura, de la pasta boloñesa, del cheesecake. Aún seguro quedan procesos psicológicos que elaborar, integraciones que realizar sobre la información que recibí. Y me gustaría preguntarte: ¿crees que puedes obtener algún mensaje teniendo en cuenta tus antojos de comida?


Déjame un mensaje en los comentarios, te leeré con mucho gusto.





Pamela Crombie Psicóloga y psicoterapeuta integradora

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